A estas alturas, hace 80 años el destino estaba ya trazado. Entre el 28 de enero y el 13 de febrero de 1939, unos 475.000 españoles, hombres, mujeres y niños, cruzaron prácticamente con lo puesto la frontera por los Pirineos catalanes huyendo del avance de las tropas franquistas, en lo que se conocería como La Retirada.
Creyeron que en Francia encontrarían seguridad y dignidad. Se equivocaron en lo uno y en lo otro. Las autoridades francesas no ardían precisamente en deseos de acoger a los que consideraba elementos incómodos cuando estaban ya en conversaciones con el vencedor de la Guerra Civil, Francisco Franco. Y Francia tampoco sería ese ansiado remanso de paz para quienes llevaban tres años combatiendo: la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de estallar y muchos de los recién llegados, agotados, derrotados en el más profundo sentido de la palabra y a menudo heridos o enfermos, acabarían viéndose involucrados en un nuevo conflicto.